viernes, enero 12, 2007


BIENVENIDOS A SILENT HILL

Hoy recordaba uno de mis videojuegos favoritos, se llama Silent Hill, pero no se dejen engañar, el que sea un videojuego no lo hace, ni con mucho, cosa de niños.

¿Se han sentido en algún momento con un deseo irreprimible de ir hacia un lugar en específico? un deseo casi casi compulsivo, que los hace desear estar ahi YA! no importa como, ni por qué.

Eso es Silent Hill, un resort vacacional al estilo Valle de Bravo, paradisiaco y perfecto para olvidarse del mundo.... literalmente.

Recordaba Silent Hill porque todos aquellos que terminan en ese pueblo se encuentran rodeados de niebla, solos, en un lugar sin gente, donde no funciona nada, no hay electricidad, los autos no encienden y el radio solamente emite una inquieta serie de quejidos y gemidos entre la estática.

Parte de su influencia se encuentra en la película "La escalera de Jacob", la historia de un soldado gringo en vietnam cuya unidad es mantenida en combate con una droga experimental, que los aisla del dolor.

Este asilamiento, es literal, y los personajes terminan recluidos dentro de si mismos, en una serie de lugares comunes, pero vacíos, deshabitados y sin salida.

El truco en Silent Hill es que lo que se cree que es real, no lo es tanto, e incluso podría ser una ilusión.

Esto nos enfrenta con una cruel posibilidad: ¿estaríamos dispuestos a vivir con el hecho de que en nuestra mente no existe nada más en el mundo más que nosotros? Si alguna vez quedamos atrapados en nuestra mente ¿cómo será? una serie de instantáneas alegres, tristes y llenas de recuerdos o una red interminable de pasadizos sin salida, oscuros, vacíos, solamente habitados por nosotros mismos?

Silent Hill enfrenta a eso a sus protagonistas, los lleva al centro de sus propias culpas, a reconocerse como egoistas, a verse sin falsos maquillajes, con el alma pura. Muchos no escapan...

Otros, los más desinteresados (el padre adoptivo, el investigador privado que toda su vida la dedicó a resolver los problemas de otros y no los propios) terminan bien librados, sin que su mente les ponge frente a si otra opción más que la salida (por más que se empeñen en sacar a las almas perdidas de su propio laberinto)

Es un juego muy profundo, además de aterrador e inquietante... pero ¿no son así todas las mentes?

Saludos y hasta la próxima